Lo menos grave es no caminar


Selección Colombia de Baloncesto en Silla de Ruedas. Fotografía: Estefanía Zapata.

Eran las 2 y 30 de la tarde del sábado 11 de julio de 1998 y Leonardo Chaparro, un colombiano de 21 años que trabajaba como comerciante, rebuscándose la vida como cualquier persona de clase media, esperaba a su novia de aquel entonces en la calle del 7 de agosto de Bogotá, en un almacén de ropa llamado “Almacenes Only”. En las aceras del almacén estaban un grupo de ecuatorianos que se ganaban la vida como vendedores ambulantes.

Leonardo era apasionado a los carros y las motos, con las ganancias de sus trabajos ahorró un dinero para comprarse una moto pero su familia no estaba de acuerdo, así que no lo apoyó. Él escucho los consejos de su familia y prefirió darles un regalo a su novia y al hijo que venía en camino. Con las ansias de verla llegó muy temprano al lugar, a los quince minutos de haberla esperado, salió el hijo de un reconocido comerciante del barrio, estaba muy ebrio y con despreció empezó a faltarle al respeto a los vendedores ecuatorianos, les dijo palabras soeces y les dio patadas.

Al escuchar las horribles palabras que ese sujeto lanzaba contra ellos, Leonardo fue inmediatamente a calmar a este hombre, quien se logró estabilizar y entró al almacén de nuevo, donde las mujeres que atendían el lugar lo tranquilizaron por un momento. A los cinco minutos de haber entrado, volvió a salir pero esta vez a pegarle a un embolador de zapatos que pasaba en ese preciso momento por el frente del almacén. Leonardo de nuevo fue a calmarlo, pero ya en esta oportunidad, no se dejó, sacó un revólver de su bolsillo, le apuntó y la ráfaga de plomo atravesó su columna.

Leonardo cayó al suelo inmóvil, sus ojos solo veían a este hombre irse caminando como si nada hubiera pasado. A eso de las 3 de la tarde, su novia aún no había llegado. De inmediato lo rodearon personas que estaban cerca del lugar, lo montaron a un taxi para llevarlo al centro de urgencias más cercano. Su familia se enteró de lo que había pasado. En cuestión de minutos llegaron donde Leonardo estaba, hicieron todos los trámites y lo trasladaron a un hospital donde lo podían atender con mejor cuidado.

Leonardo tenía la esperanza que llegara el médico, le hiciera una curación y saliera al partido de fútbol que tenía ese mismo día y al que no pensaba faltar, pero él mismo sabía que era algo más grave porque no sentía las piernas.

A los treces días de haber estado en la clínica, le dieron de alta. Salió el 24 de julio de 1998, el día de su cumpleaños, pero esta vez en una silla de ruedas; desanimado, pensando que ya nada en la vida tenía sentido y que lo sucedido era lo más duro que podría pasar en su vida.

Ese mismo día recibió una silla de ruedas de regalo, por parte de un comerciante y amigo que las fabricaba. También lo ayudó y le dio una voz de aliento, “ánimo, vamos para adelante” era lo que le expresaba este querido colega. Gracias a él, Leonardo pudo conocer el deporte para discapacitados y a partir de ese momento su vida dio un giro de 360 grados.

Al principio sentía rencor por el señor que le disparó, pero al pasar el tiempo, gracias a algunas misas de sanación a las que pudo asistir y también a la ayuda psicológica, pudo dejar de sentir ese aborrecimiento hacia él, “le pedí mucho a Dios para no sentir rencor por nadie”, puntualiza Leonardo.

Al mes de haber tenido este accidente, Leonardo ya estaba entrenando en las canchas de baloncesto en silla de ruedas, deporte que conoció después de haber pasado por el tenis y la natación. Esta disciplina lo llevó a conseguir triunfos que jamás se imaginó.

Nunca olvidó que empezó desde cero, ya que el deporte con discapacidad tiene un apoyo económico muy bajo en el país. "El que no tenga reconocimientos o medallas de oro, se le hace muy difícil triunfar y conseguir que le brinden apoyo en esta disciplina en Colombia", así lo expresa con tristeza en su rostro.

Este hombre ha pasado por varios clubes, compitiendo en la mayoría de ciudades de Colombia. Su torzo grueso, sus brazos robustos y su espalda ancha, los ha conseguido gracias a las horas que ha dedicado para el entrenamiento; esto lo ha llevado a ser uno de los integrantes más fuertes de la Selección Colombia en Silla de Ruedas.

Ha estado en varios países como Canadá, Estados Unidos, México, Venezuela, Brasil, Ecuador, Uruguay, Chile, Argentina, Sudáfrica, España e Inglaterra. Lugares que nunca pensó que iba a conocer en su vida. "Gracias al baloncesto he tenido la oportunidad de recorrer varios países”, afirma Leonardo con un gran sonrisa.

Leonardo junto con sus compañeros de la Selección Colombia de Baloncesto en Silla de Ruedas, lograron una victoria en los pasados Juegos Parapanamericanos de Guadalajara en el 2011, ganándole a la selección de Canadá, una de las más fuertes del mundo en esta disciplina. Gracias a esto, pudieron pasar a la final y así se les otorgó un cupo directo a los Juegos Paralímpicos Londres 2012.

A Leonardo le parecía increíble llegar a estar en una competencia de tan alto nivel, donde también estarían participando las potencias mundiales. Esta experiencia se suma a muchas más que el deporte y la dedicación le han regalado.

En su casa guarda infinidad de recuerdos, medallas, banderas, escarapelas y botones que ha obtenido a lo largo del tiempo y de las competencias.

Leonardo es un hombre con dos hijos de su novia de aquel entonces, con la cual terminó su relación a los cuatro años después del accidente y que conoció a otra mujer que no es discapacitada, con la que se encuentra comprometido. Irónicamente un disparo le cambió la vida por completo.

Todavía lucha para lograr cada vez más y dar un ejemplo de vida a muchas personas que piensan que tener o sufrir una discapacidad es un impedimento para llevar una vida normal, tener un trabajo o sobresalir en algún deporte. Lo menos grave es no caminar.